Por Lic. Daniela Borzino

Esta celebración fue instituida por la Naciones Unidas como respuesta a la pérdida de hábitats de nidación de aves migratorias europeas que disminuyen el tamaño de la población, afectando el equilibrio de todos los ecosistemas que recorren. A partir de esta situación, a nivel mundial se plantean estrategias para monitorear y proteger las áreas de nidación y descanso de estas aves paseanderas.

En Argentina, recibimos la visita de varias poblaciones itinerantes. Muchos conocen el famoso caso de la golondrina doméstica (Progne chalybea) que anida incluso en el Área Metropolitana de Buenos Aires, durante la primavera y el verano. Durante su estadía, realizan vuelos acrobáticos entre los edificios atrapando insectos voladores (mosquitos, polillas). Otro cazador volador que nidifica en setiembre es el churrinche (Pyrocephalus rubinus), o como lo conocen en las zonas tropicales de América, mosquero cardenal por el hábito de perseguir moscas de todos los colores. Este pájaro de 14 cm es fácilmente distinguible en la vegetación de las áreas protegidas de Buenos Aires por la tonalidad rojo fuego de los ejemplares machos, que buscan hembra en nuestras latitudes.

Pero, si buscamos a las especies que realizan migraciones record tenemos que acercarnos a las costas del Atlántico, en febrero dejarnos hacer en las dunas de la costa de la Bahía de San Antonio Oeste. Tendremos la oportunidad de ver llegar a un enjambre de bulliciosos playeritos blancos (Caladris alba) que, como si fueran un solo individuo etéreo, dibujan siluetas ondulantes entre la espuma del mar y el limo fresco de la costa. Antoine de Saint-Exupéry –escritor y piloto de la Patagonia- conocía bien las cualidades de estos migrantes y en varios textos describió el vuelo de estas bandadas. Me atrevo a pensar que pensaba en ellos cuando escribió la frase sobre el comienzo del viaje de El Principito: …” Creo que para su evasión aprovecho la migración de pájaros silvestres”…

 

Tiempo después la bandada tomará posesión del terreno, a resguardo. Descansarán unos días alimentándose de los organismos enterrados. Recuperarán el peso que la exigencia del viaje les quitó –provienen de las Islas Malvinas y de la Península Antártica-. Una semana después, las alas se extienden y vuelven a formar un solo cuerpo que levanta vuelo hacia la próxima área de descanso, en Brasil. El verano boreal los espera. Las costas de Canadá están listas para la próxima nidada.

En conclusión, un gran número de especies realizan migraciones y visitan los territorios de Argentina. Algunas anidan y otras hallan refugio. En todos los casos ocupan un nicho ecológico y cumplen con una variada gama de servicios ecosistémicos. Pero además, son fuente de inspiración y pueden ayudar a que al alma trascienda más allá de las fronteras, hacia otros mundos visitados a vuelo de pájaro.