Por Dra. Jazmín de Diego- FUNDACIÓN ESPACIOS VERDES

En un mundo globalizado, donde la competencia impera, donde la individualidad se incrementa, pensar que con nuestras elecciones diarias repercutimos en el medio ambiente, es inaudito. Pero solo es cuestión de poner la lupa en el tema y ver que no somos un ente aislado, más bien somos un ser sometido a todas las interacciones ambientales.

Hoy en día, por como esta la situación ambiental, no nos podemos dar el lujo de continuar comiendo como lo estamos haciendo. La alimentación actual debería ser “SANA, SOSTENIBLE Y JUSTA”. Requiere un cambio, concientización y conocimiento en el tema.

La alimentación es un hecho cultural y social. Pero ¿sabemos quécomemos cuando comemos? El mercado de distribución de los alimentos, la industrialización, la intensificación de cultivos para aumentar su producción, fertilizantes, herbicidas y químicos para que la tierra y la ganadería resulten más productivas, procesos industriales, conservantes, colorantes, emulsionantes; Grasas y azúcares añadidos para hacer productos más duraderos y atractivos, transgénicos e híbridos, litros de agua, kilómetros de trayectos, políticas de mercado y globalización económica, todo esto llega a nuestro plato día a día.

Necesita haber un cambio en todo el proceso, desde la forma de producir y distribuir hasta el eslabón final, el consumo. Se necesitan implementar Buenas Prácticas Ambientales (BPA). Las BPA son aquellas acciones que pretenden reducir el impacto ambiental negativo que causan lo procesos productivos a través de cambios en la organización de los procesos y las actividades.

Como resultado de la implantación de las Buenas Prácticas se conseguirá:

  • Reducir el consumo y el coste de los recursos (agua, energía, etc.)
  • Disminuir la cantidad de residuos producidos y facilitar su reutilización.
  • Reducir las emisiones a la atmósfera, los ruidos y los vertidos de aguas.

La problemática vigente repercute en nuestra salud, generando las principales patologías: obesidad, anorexia, trastornos alimentarios, enfermedades cardiovasculares, enfermedades por alimentos, etc. Estas últimas afectan cada año un 30% de la población en países industrializados. Acarrea un alto costo económico y ambiental. Hay un aumento de la población, pero paradójicamente existe una gran crisis alimentaria. Casi mil millones de personas sufren hambre y 1/3 de la comida producida por el mundo se pierde o se desperdicia (información detallada de la FAO).

Un punto más a valorar es que los millones de toneladas de toxinas y residuos producidos por nuestra cultura, terminan contaminando el agua, fuente tan necesaria para el ser humano. La mayoría proviene de la agricultura animal, en forma de herbicidas, pesticidas, fungicidas y fertilizantes químicos.

contaminacion agua

Foto tomada de Ecosiglos

¿La solución? Tomar responsabilidad individual y colectiva. Por ejemplo:

  • Realización de huertos urbanos que a su vez re-naturalizan la ciudad. Separación de residuos, uso del compostaje.
  • Agricultura ecológica e integrada donde se aplican métodos mecánicos y fertilizantes naturales con procesos biológicos contra plagas.
  • Slow food, movimiento generado en contraposición del fast food. Disminución en el consumo de comida empaquetada con alto porcentaje de packaging.
  • Km 0, lo que implica proximidad de los alimentos.
  • Raw food, movimiento que implica la alimentación viva, es decir una alimentación vegana sin cocción.
  • Consumo de alimentos de temporada. Cooperativas de consumo.
  • Comercio justo, el cual impulsa la sostenibilidad respetando la tradición y el equilibrio.

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“La tierra provee lo suficiente para satisfacer cada necesidad humana, pero no para su codicia”

Mahatma Gandhi

 

Bibliografía:

http://www.lineaverdetorrelavega.com/lv/guias-buenas-practicas-ambientales/introduccion-buenas-practicas-ambientales/que-es-el-consumo-responsable.asp

Educaixa. Ecotendencias.