Tuve la suerte ir a Iguazú y acercarme de la selva misionera lo más posible. Mi primera impresión fue un sentimiento de pequeñez delante de árboles que podían alcanzar hasta más de 40 metros de altura, y una sensación de que el humano había conseguido crear una frontera entre la sociedad civilizada y el mundo salvaje.65057820_326703831554788_4075517591278321664_n

Entrando en el Parque Nacional de Iguazú, descubrí una construcción muy bien elaborada para guiar al turista, con caminos entretenidos, rutas, límites, medios de transportes como trenes o colectivos. Después de un pequeño viaje llegamos rápido a puntos de encuentro y descubrimos entonces a los coatíes, una especie al principio salvaje sorprendida que crea la curiosidad de los turistas, pero que también ha rápidamente entendido la manera de alimentarse gracias a los desperdicios que dejan los humanos.

Este sitio que estaba totalmente natural al principio fue transformado para beneficiar a la economía. Por ejemplo, el próximo año el aeropuerto de Iguazú será ampliado para acoger directamente la gente del mundo gracias a vuelos internacionales y desarrollar otra vez el turismo de masa.

Así que cuando volví a Buenos Aires decidí informarme sobre este tema para saber más sobre la salud de esta selva.

La selva misionera juega un rol fundamental por el ecosistema, es un bioma que forma parte de la región del bosque Atlántico de Alto Paraná y que es uno de los 25 sitios con más diversidad del mundo: 40% de las especies animales y vegetales que contiene este sitio son exclusivas de esta región y no existen en otro lugar. Se pueden encontrar lémures, tapires, osos hormigueros, mas de 400 especies de aves y también especies felinas como el yaguareté o el puma. Todas estas especies conviven, se alimentan y se protegen en esta inmensa e interminable masa de verde.65511407_663268914192279_1920348339820298240_n

Este sitio, que se comparte entre Argentina, Brasil y Paraguay, tenía más de 500 000 kilómetros cuadrados de selva original. Hoy solo queda solo un 7% de esa superficie. Brasil conservó solo 3% de su selva original, Argentina 50%, y Paraguay 14%, todo eso mostrando que diferentes factores ponen la selva en peligro. En primero es el mal uso de la tierra, con el avance de la agricultura. En segundo, la construcción de caminos para el turismo, que impacta directamente sobre la selva. En tercero, las actividades ilegales que se desarrollan muy frecuentemente, como la caza ilegal o el comercio negro de madera.

Es cierto que el turismo cumple un rol esencial para la economía del país, pero ¿a qué precio? Las cifras muestran evidentemente la deforestación de la selva, y la extinción de muchas especies a pesar de las intervenciones de asociaciones por salvarlo. ¿Qué podemos hacer delante este desastre? Según las cifras globales de la Organización Mundial de Turismo (OMT) habría un 34% de turistas que estaría dispuesto a pagar por una opción de viaje más sustentable, un 30% estaría dispuesto a pagar por un hotel que realice esfuerzos en sustentabilidad; mientras que un 73% de turistas quisieran poder identificar destinos “más verdes”.65098044_624351318069738_6332127175629602816_n

¿Pero las preocupaciones ambientales serán una cuestión de dinero? Es lo que más le gustaría al humano, poder comprar una nueva naturaleza, poder usar todos los recursos por sostener la economía y después comprar una nueva tierra. Pero todavía nadie sabe dónde encontrar un nuevo planeta.