El alcance mundial de los cultivos genéticamente modificados (OGM) continúa creciendo, cubriendo 190 millones de hectáreas y más del 10 por ciento de las tierras cultivables del mundo a partir de 2017. Los tres países principales que contribuyen a la producción de cultivos transgénicos son los Estados Unidos, Brasil, y Argentina, con Estados Unidos como responsable de un asombroso 39 por ciento de la producción global. Desde su introducción en 1996, los OGM han permitido un aumento significativo en el rendimiento agrícola, creciendo en promedio 22 por ciento más alimentos en la misma cantidad de tierra. A medida de que la población mundial continúa creciendo (se predice que será de 9.9 mil millones en 2050), los problemas del hambre y la pobreza se vuelven cada vez más importantes. Por lo tanto, este aumento en la producción de alimentos es un logro significativo en una era de recursos escasos y desafíos ambientales. La recompensa generada por la revolución transgénica ha cambiado la vida de los agricultores y consumidores de todo el mundo, pero la pregunta de si ese cambio será positivo a largo plazo sigue sin respuesta. A pesar de sus beneficios económicos y sociales, los cultivos transgénicos tienen graves impactos ambientales. La ponderación de los costos y beneficios de los cultivos transgénicos requiere una investigación más profunda sobre cómo se producen y cómo se utilizan, particularmente en los Estados Unidos.

La compañía de productos agroquímicos Monsanto es el desarrollador del herbicida  Roundup y cultivos transgénicos llamados Roundup Ready. Los productos transgénicos de Monsanto representaron 92 por ciento del maíz y la soja cultivados en los Estados Unidos en 2018. La compañía fue adquirida por Bayer en una unión reciente, lo que fomentó la monopolización de la industria de las semillas. Al limitar la diversidad de semillas en el mercado, el monopolio amenaza la resistencia de nuestros sistemas alimentarios. Comercializados como pareja, la herbicida Roundup a base de glifosato y los cultivos Roundup Ready tolerantes al glifosato parecen funcionar en armonía para eliminar eficientemente las plantas no transgénicos y maximizar el rendimiento de los cultivos. Esto puede ser cierto a corto plazo, pero a largo plazo este sistema ha demostrado ser insostenible. Las malezas originalmente eliminadas por Roundup eventualmente desarrollan resistencia. 61.2 millones de acres de tierras agrícolas de los EE. UU. estaban infestadas con malezas resistentes al Roundup tan pronto como 2012. La tarea de combatir estas nuevas súper-malezas lleva a los agricultores a aplicar aun más herbicida, recurriendo a herbicidas más viejos y menos seguros. Estas contramedidas sirven como “curitas”, y duran solo hasta que aparece una nueva generación de súper-maleza. A través de este ciclo insostenible, el uso de glifosato se ha multiplicado por un factor de 15 desde que las cosechas Roundup Ready se introdujeron en 1996. El glifosato ha sido vinculado a más de una docena de problemas de salud, entonces la proliferación de glifosato plantea un problema grave de salud pública ya que el Roundup se propaga fácilmente de las granjas a las comunidades circundantes a través del agua o el aire. Pero este no es el único peligro que plantean los productos de Monsanto.

Sus cultivos transgénicos Roundup Ready tienen una función de pesticida integrado que compromete la salud del suelo. Bt, o Bacillus thuringiensis, es un tipo de bacteria relacionada con aquellas que causan intoxicación alimentaria y ántrax que se usa para matar especies específicas de insectos. En el pasado, Bt se aplicaba sobre los cultivos como pesticida, pero Monsanto descubrió cómo usar los genes Bt para modificar las plantas, permitiéndoles producir la toxina Bt por sí mismos. Cuantos más cultivos GM se siembran, más toxinas Bt se liberan en el suelo, lo que amenaza a los organismos que viven allí, reduciendo la población de bacterias del suelo y potencialmente interrumpiendo las tasas de procesos naturales como la descomposición y el reciclaje de nutrientes. Incluso los cambios más pequeños en la diversidad de la comunidad microbiana pueden afectar la salud del suelo y el funcionamiento del ecosistema, que no solo son comprometidos por las toxinas Bt, sino también por los métodos agrícolas utilizados para cultivar OGM.

Los dos cultivos que constituyen la mayor superficie cultivada en los Estados Unidos son el maíz y la soja, y en 2018, el 92 por ciento de los cultivos de maíz y el 94 por ciento de los de soja estaban compuestos por variedades transgénicos. El maíz y la soja generalmente se siembran en forma de monocultivo, lo que significa que el mismo cultivo se crece en la misma tierra año tras año. Desafortunadamente, el monocultivo no es propicio para la biodiversidad o el reciclaje de nutrientes. Con el tiempo, las reservas de nutrientes del suelo se agotan tanto que la tierra ya no puede soportar cultivos alimentarios. Aunque se ha demostrado que los cultivos transgénicos reducen el uso de tierras agrícolas debido a su mayor productividad, cuando se siembran como monocultivos, el efecto es todo lo contrario, disminuyendo la cantidad de tierra cultivable con el tiempo. Como consecuencia, podemos estar quedándonos sin espacio para cultivar nuestros alimentos.

 

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Un monopolio que no vela por el futuro de las nuevas generaciones

Estos impactos ambientales deberían ser suficientes para darnos una pausa cuando se trata de OMG. Sin embargo, el monopolio sobre la industria de semillas garantiza que se sigan utilizando en grandes cantidades, lo que amenaza la sostenibilidad de nuestro sistema alimentario y la vida económica de los pequeños agricultores. Es cada vez más necesario que los agricultores usen los productos de Monsanto para competir, pero muchas granjas pequeñas eligen usar productos que no son OGM. Los agricultores orgánicos utilizan pesticidas y fertilizantes naturales para mantenerse alejados de los productos químicos, mantener el suelo saludable y preservar la biodiversidad. Sin embargo, el Roundup de las granjas industriales se transfiere fácilmente a las pequeñas granjas por medio de ríos y arroyos o polinización cruzada, y suficiente tiene el potencial para destruir sus cultivos no transgénicos. Incluso si no hay suficiente herbicida para matar los cultivos directamente, aún puede haber suficiente para crear súper-malezas, comprometiendo la integridad de la agricultura orgánica y obligando a los agricultores a abandonar sus principios orgánicos completamente. Las semillas Roundup Ready pueden propagarse de una granja a otra de manera similar al herbicida Roundup, lo que crea incluso más problemas económicos para los pequeños agricultores. Las leyes no solo no reconocen los derechos de los agricultores orgánicos, sino que también protegen patentes sobre material genético transgénico. Las patentes de semillas de Monsanto les permiten demandar a los pequeños agricultores cuyos cultivos contienen sus semillas, incluso si solo llegaron a través de una contaminación involuntaria. La estructura del sistema agrícola corporativo y su asociación con empresas como Monsanto funciona en contra de estos pequeños agricultores en todos los sentidos, socavando los intentos de agricultura sostenible.

El debate sobre los OGM no es un tema totalmente en blanco y negro. Los que están a favor de los OGM tienen razón en que necesitamos encontrar una manera de alimentar a nuestra creciente población y luchar contra la pobreza y el hambre en el mundo. Pero no podemos ignorar los impactos ambientales para hacerlo. Además, combatir el hambre y la pobreza no es tan simple como cultivar más alimentos. De hecho, los datos muestran que ya se están produciendo alimentos más que suficientes para alimentar al todo el mundo. Pero en 2015, 792.5 millones de personas fuera de la población mundial de 7 mil millones todavía estaban desnutridos. Está claro que “la solución no reside en aumentar la cantidad de tierra cultivable o en los rendimientos por hectárea, sino en un sistema completamente diferente en términos de producción, almacenamiento, distribución y acceso de alimentos” (Slow Food sobre los OGM). El sistema actual ha cambiado el poder económico hacia las grandes empresas, degradando la soberanía alimentaria y concentrando las ganancias y el poder en los manos de unos pocos. La mejor manera de desmantelar este sistema sería volver a la agricultura a pequeña escala basada en cultivos nativos y prácticas agrícolas sostenibles para preservar las tierras, proteger las economías locales y aumentar la soberanía y seguridad alimentaria.

 

El rol de los ciudadanos

Quizás te estás preguntando qué puedes hacer para ayudar. Si es así, los pasos abajo ofrecen un punto de partida para construir un mejor sistema alimentario.

  • Limite el desperdicio personal de alimentos.
  • Evite los alimentos procesados ​​que contienen OGM.
  • Compre a los granjeros locales a pequeña escala.
  • Eduque a su comunidad sobre los impactos de los OGM y el control corporativo.
  • Únase o haga una donación a una organización cercana para hacer oír su voz.

Depende de todos nosotros cambiar la forma en que se producen nuestros alimentos y construir un sistema que sirva muchos en lugar de unos pocos. Al comprometerse los pasos que sean posibles, estás apoyando una visión sostenible a largo plazo para el futuro de nuestros alimentos.

 

carlyCarly Bell, voluntaria de la FEV por Connect-123