¿Cuáles son los orígenes de la escuela?

Se originó hace 40 años, primero como consultorio de psicología para los niños con Síndrome de Down. En 1982 se convirtió en escuela y en 1992 se convirtió en escuela privada. La escuela tiene tres niveles: inicial, primaria, y postprimaria. En 2002 desarrollaron el plan para la formación laboral. El post primaria tiene la modalidad de formación laboral en forma de pasantía como parte de la formación pedagógica, laboral, y social.

 

¿Puedes contarnos sobre la mision y vision de la escuela?

La misión de la escuela es que cada niño, cada joven, logre la mayor autonomía e independencia posible. Cuando llegan a la formación laboral y las pasantías, lo más esencial es que no son primero su discapacidad, que primero son personas que puede trabajar igual que cualquier otra persona.

 

¿Cuántos estudiantes tienen y de qué edades?

Hay 72 en primaria, y otra 72 en postprimaria. Los más chiquitos tienen 3-4 años pero también hay jóvenes que empezaron aquí a las 2-3 años cuando era consultorio y ahora tienen 40 años. Volvieron acá cuando convirtió en escuela. Lo que caracteriza a la escuela especial de la escuela común es que la matriculación está abierta todo el año. Hay chicos que no pueden empezar el marzo, pero está abierto inscripción todo el año. No todos los chicos tienen que estar en el jardín para pasar al nivel más alto.

Acuarela

Estudiantes del Centro Acuarela realizando sus prácticas en la Fundación Espacios Verdes

¿Cuáles son los mayores desafíos que enfrentan estos niños?

Los más chiquitos generalmente se enfrentan con desafíos de la familia. No tienen experiencia con las escuelas para la discapacidad y es difícil enfrentarse con la discapacidad tan visible, porque no está en las escuelas comunes. Muchos padres se resisten enviar a sus hijos a una escuela especial porque quieren mantener la esperanza de que su hijo pueda seguir siendo “normal.” Otro desafío es que todos los demás deciden por ellos, sus médicos, sus padres. Tienen que aprender que pueden decidir por sí mismos y que son capaces de aprender. Y por eso hay que acompañarlos en todos sus aprendizajes. Los más grandes se enfrentan con los desafíos de tener novio o novia, vivir solos, y la preocupación de salud, entonces hay que acompañarlos en su situación de vida. Un gran desafío en la formación laboral es la situación de trabajo. Pueden funcionar tan bien como cualquier otra, no tienen impedimentos físicos, pero hay mucha discriminación.

 

¿Cuáles crees que son los mayores beneficios de este tipo de educación?

El mayor beneficio es que aprendan a trabajar en un espacio de trabajo real. Uno va viendo cómo se van creciendo y hay un montón de logros. Nosotros no somos parte de su familia, pero somos una segunda familia. Los conocemos desde chiquitos hasta que viven solos con novio o novia. Hay jóvenes que tienen mayor edad que nosotros. Lo que aprenden es para la vida y se prepare para la vida autónoma.

 

Sobre el tema de inclusión e integración, ¿cuáles son sus recomendaciones para el sistema educativo en términos de educación especial?

Somos una escuela de puertas abiertas. Todo el tiempo estamos cuestionando y revisando nuestras prácticas para que lo que enseñamos siga siendo aplicable a los chicos. Nosotros queremos que lo que aprendan les sirva. Todo el tiempo estamos en revisión; qué hacemos, cómo lo hacemos, por qué lo hacemos, para quién lo hacemos, es útil o no es útil. Algo que cuestionamos mucho es si deberíamos ser clasificados como una escuela especial porque cada escuela tiene algo especial. Mejor ser escuela especializada en algo. Nunca tenemos nuestro lugar en el sistema educativo, pero es un lugar muy importante. Se habla de inclusión e integración, de que todos tenemos derechos y todos son iguales, pero hay lugares más adecuados para cada uno. Las escuelas faltan mucho con respeto a hacer lugar para la discapacidad. Se pueden aprender de las modalidades específicas de las escuelas especiales. No todos aprenden de la misma manera.

Aparte de las escuelas, a la sociedad falta muchísimo. Cuando salimos con los jóvenes a las pasantías, salimos a la calle para aprender cómo comprar, ir en el colectivo, el subte. Hay un montón de aprendizaje para la vida cotidiana. Hay mucha gente hoy en día que quiere ayudar y se hablan como si fueron sordos, mudos, con palabras infantilizantes. No son sordos ni mudos y se usan las palabras mismas que tuyos. Cuando salimos con estos jóvenes la gente habla de qué buenas personas son, qué buen trabajo hicieron. Piensan que están siendo amables y dando un cumplido, pero son discriminantes. Estas interacciones nos retrasan cada vez. Hay gente que se ríe, que da vuelta la cara, y los jóvenes se dan cuenta de esto, y no está bueno de verdad. Nosotros tenemos que hablar mucho de esto y decirles que no se confíe en todo el mundo, que no toda la gente es buena.

 

Además de las empresas con que trabajas para las pasantías, ¿alguna vez trabaja con escuelas comunes?

A veces compartimos con escuelas comunes para que los chicos se conocen y para mitigar el miedo que muchas personas tienen de la discapacidad. Existe la idea de que las personas con discapacidad están locas y que no son verdaderas adultas. Son siempre niños en los ojos de los demás. No se dicen, pero lo que no se dice se internaliza y se aparece sin embargo. Estas ideas vienen del miedo a lo que no entendemos. Tenemos miedo porque no sabemos qué hacer, qué decir, y no hablamos de esto. Por eso es muy importante tener espacios de escucha donde se puede compartir lo que sentimos y de que tenemos miedo. Las escuelas comunes faltan mucho de no hablar y se hace mucho daño. Ni hablar de que lo que pasa es realmente violento y doloroso. Por no hablar, no están preparados para recibir la discapacidad.

Los jóvenes se dan cuenta en un segundo si vos los rechazás o no. Se dan cuenta cuando la gente no está cómoda. Para los adolescentes en la escuela común, se sorprenden de encontrar más puntos en común que diferente. Es necesario respetar las diferencias, no hay que hacer todo juntos, pero también hay que respetar las habilidades que cada uno tiene. Es muy fácil posicionarse como “ellos no pueden aprender.” Pero sí pueden aprender. Dicen “el no quiere aprender.” ¿Pues, qué haces vos para que él aprenda? ¿Tenés ganas de que él aprenda? Y este no es un problema específico a las escuelas especiales, también sucede en las escuelas comunes. Siempre hay quienes se quedan atrás y necesitan ayuda adicional. Aprender en sí mismo es un problema.

 

¿Qué estrategias utiliza para enfrentar este problema de aprendizaje en su escuela?

Cada uno de nosotros aprende diferente. Para estos chicos, si enseña bien, lo aprenden bien. Si enseña mal, lo aprenden mal. Muchos no tienen la flexibilidad de aprender y desaprender. Parece que llegan al techo y ya, pero siempre puede mejorar. Si aprendieron mal, es muy difícil empezar otra vez de cero. Tienen distintos tiempos de procesamiento y de comprensión. Hay que aprovechar de los tiempos fundamentales que ellos tienen y hacer cada aprendizaje paso por paso, volviendo a verlo de otra manera. A veces quedan en una meseta por un rato y parece que no pasa nada, y de repente un día sabe todo, es capaz de todo.

 

¿Cómo se organizan las pasantías?

Tenemos un plan de perfiles laborales que depende de las posibilidades del mercado. Las cuatro áreas principales son mantenimiento, producción artesanal, gastronomía, y trabajo administrativo. Lo más importante es aprender a trabajar de lo que me gusta, de lo que puedo hacer, y de lo que tengo que hacer. Tienen que comprender que a veces el trabajo que tenés que hacer no es el trabajo que querés hacer. Cada joven tiene un talento y hay que descubrir eso. Acerca de conseguir un trabajo, hay muchas puertas cerradas para los chicos. Pero siempre encontramos una manera de conseguir trabajo en el que son buenos y que les gusta. Por ejemplo, si un joven quiere ser científico, esta puerta no va a estar abierta. Pero tal vez puede encontrar trabajo como asistente de laboratorio. Siempre hay opciones que sí se puede para que sean autónomos.

carly Carly Bell, voluntaria de la FEV por Connect-123