La industria textil es una de las más contaminantes del planeta y, según Naciones Unidas, la segunda que más agua utiliza en sus procesos. En la era del descarte, el costo ambiental y social de la moda rápida nos deja una deuda difícil de pagar.

 

Semana tras semana nos vemos envueltos en rebajas de moda cada vez más atrapantes y, vestirse con las últimas tendencias, es accesible para todos. En un mundo de rebajas donde se confeccionan cerca de 100 mil millones de prendas de vestir nuevas por año, ¿quién paga el costo real de la industria?.

Las grandes marcas de moda se caracterizan por producir ropa de bajo costo, creada en serie, casi descartable y que tiene un terrible impacto social y ambiental.

El 24 de abril del 2013, se derrumbó un edificio de ocho pisos en Bangladesh dejando 300 muertes. Allí trabajaban empleados de una fábrica textil que producía ropa para más de treinta marcas reconocidas. El hecho visibilizó las pésimas condiciones de trabajo y seguridad de un país cuya industria textil es una de las más importantes del mundo.

Por otro lado, el costo ambiental de la producción en serie es impactante: desde el cultivo, la fabricación de fibras, el teñido y hasta la venta de prendas tienen una huella ambiental enorme. Según ONU Medioambiente, la industria de la moda produce el 20% de las aguas residuales mundiales y 10% de las emisiones globales de carbono.

Generalmente sus tintes contienen metales pesados y compuestos tóxicos, convirtiéndose esto en la segunda causa de contaminación de agua.

Además, las fibras sintéticas al ser lavadas liberan microfibras (pequeños fragmentos de plástico). Se estima que a nivel mundial el los océanos reciben medio millón de toneladas de microfibras cada año.

Las alternativas a la moda rápida

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La venta de prendas de segunda mano está en crecimiento constante. En la imagen, se muestra el local de la marca Galpón de Ropa (Buenos Aires), especializada en la selección y venta de prendas usadas en buen estado.

En contraposición a la vorágine de la moda fast fashion, se encuentra la moda ética o slow fashion. Se trata de marcas de comercio justo que muestran transparencia en el proceso de producción de las prendas, en el que el consumidor puede conocer dónde están fabricadas, por quiénes y con qué materiales.

Los fabricantes no se guían por temporadas cortas y venden prendas y accesorios de mayor calidad y exclusividad. Además, las marcas comparten una filosofía de consumo responsable, con prendas fabricadas a partir de materiales naturales o de descarte.

Sin embargo, otra alternativa ética para disminuir el impacto de la moda rápida es optar por comprar artículos de segunda mano. De esta manera, se evita el descarte innecesario de prendas en buen estado dándoles una segunda oportunidad.