En Argentina, en la presente temporada, se registraron 45.970 casos de dengue y más de 1.000 casos se encuentran aún en investigación. Según la Organización Mundial de la Salud, la incidencia de dengue en el mundo aumentó de manera drástica en las últimas décadas y se estima que alrededor de la mitad de la población mundial corre el riesgo de contraer esta enfermedad. Más allá de las acciones colectivas para erradicar el mosquito, ¿qué conexión tienen las enfermedades zoonóticas con el cambio climático?.

El dengue es una enfermedad viral transmitida por la picadura del mosquito Aedes aegypti. Actualmente en nuestro país se registró la presencia de tres serotipos de los cuatro existentes, siendo la zona centro, Cuyo y NEA las más afectadas en cantidad de casos positivos.

En el último informe del Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente (PNUMA), se visibilizó el vínculo entre la salud de las personas, los animales y los ecosistemas. Del informe se destaca que el 75% de todas las enfermedades infecciosas emergentes son zoonóticas, es decir, transmitidas de animales a humanos.

Para la OMS, la propagación del dengue depende en gran medida de las precipitaciones, la temperatura y la urbanización rápida sin planificar, ya que el mosquito Aedes aegypti vive en hábitats urbanos y se reproduce principalmente en recipientes artificiales.

Por otro lado, investigadores de la Universidad de Bath, la Universidad de York y la Universidad Agrícola de China, publicaron un estudio que explica cómo el cambio climático con el aumento de temperaturas y CO2, podría aumentar la cantidad de mosquitos trasmisores de enfermedades y expandirse de manera más rápida en nuevos lugares.

Recomendaciones para combatir el dengue

Más allá de la relación estrecha entre la salud del planeta y la de los seres humanos, debemos ser conscientes de las medidas para combatir y erradicar al mosquito transmisor.

Las fumigaciones como medida para combatirlo son implementadas por las autoridades sanitarias como un método en momentos de emergencia, sin embargo, no es una solución definitiva, porque permite eliminar mosquitos adultos, pero no así sus larvas y huevos.

Es fundamental eliminar todos los recipientes que puedan acumular agua y observar con detenimiento las macetas, frascos, tambores, palanganas colectores de desagües de aire acondicionado o incluso los bebederos de mascotas.

Los huevos son resistentes a la desecación y pueden permanecer secos en sus lugares de cría durante más de un año. En el momento en que vuelven a contener agua, eclosionan e inician su desarrollo larval.

Ante este grave brote y la persistencia de las altas temperaturas, es necesario que la sociedad colabore en su totalidad para erradicar al mosquito trasmisor de dengue.

Por: Tatiana Ruiz Berman (Comunicadora social y periodista ambiental) y María Cristina Castro (Licenciada en Comunicación Social). Colaboradoras de la Fundación Espacios verdes.